Sarah Shackleton | Intertwined Memory
23 de junio – 19 de septiembre, 2026
La estrecha colaboración de Sarah Shackleton en diferentes proyectos fundamentados en la relación existente entre ciencia y arte ha consolidado el discurso conceptual que guía las obras realizadas en los últimos años. No han variado los temas -identidad, memoria, conexión con el lugar de origen o incertidumbre-; sí el léxico visual, resultado de la continua experimentación técnica -dibujo, pintura, collage, vídeo…-, con el firme propósito de desentrañar el orden interno que subyace en la multiplicidad simultánea de estratos que configuran la compleja cartografía de un espacio real y a un tiempo imaginario.
A lo largo de la historia numerosos científicos y artistas han aspirado a aunar arte y ciencia; cabe mencionar a Goethe, convencido de la absoluta integración de la sensibilidad poética y científica que teorizó en La metamorfosis de las plantas (1790), una obra en la que se advierte la influencia de la visión holística de Spinoza según la cual, como ha señalado Gordon L. Miller, “espíritu y materia, alma y cuerpo, pensamiento y extensión (…) son los pares de ingredientes básicos del universo y seguirán siéndolo para siempre”. Dado que para comprender el aspecto externo e interno de las cosas era preciso emplear los ojos del cuerpo y de la mente, los dibujos iban a desempeñar un papel relevante pues permitían penetrar en la superficie y llegar hasta el fondo; era preciso, eso sí, que las imágenes reprodujeran con exactitud los objetos naturales, razón por la cual Goethe se sirvió del dispositivo óptico de la cámara lúcida, patentado en 1806. Un siglo más tarde, en 1906, Santiago Ramón y Cajal recibió el premio Nobel de Medicina “en reconocimiento de su trabajo sobre la estructura del sistema nervioso”. Para Ramón y Cajal la ciencia formaba parte de un proceso artístico al considerar que todo científico debía tener carácter de artista; no tenía dudas: en la lista de los aptos para la tarea científica, destacaban aquellos talentos dotados de temperamento artístico. El asombro y la fascinación que sintió ante la naturaleza le condujeron desde muy temprano a descubrir sus secretos y, con ellos, los enigmas del pensamiento valiéndose de la observación y su fiel representación mediante el dibujo, la pintura y la fotografía de aquello que veía a través del microscopio. En el “jardín de la neurología”, escribió, “hallaron, al fin, mis instintos estéticos plena satisfacción. ¡Como el entomólogo a la caza de mariposas de vistosos matices, mi atención perseguía, en el vergel de la substancia gris, células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental!”.
En 2021 Sarah Shackleton participó con el geólogo Simon Cox en el proyecto de Arte y Ciencia Earth Caught in Stone organizado por las universidades de Dunedin, GNS Science y Politécnica de Otago, en Nueva Zelanda. Confinados a miles de kilómetros de distancia por la pandemia de coronavirus, Shackleton y Cox establecieron comunicación online. Numerosas conferencias acompañaron el envío de los vídeos realizados por Cox durante sus paseos por la playa de Warrington, en el anhelo de conectar física y emocionalmente con la tierra que modela su identidad, ambas en continuo cambio. La tarea de Shackleton era ciertamente complicada, pues se trataba de representar lo más profundo de la interdependencia holística existente entre las personas y su entorno, tal como se entiende en la cultura maorí, desde la experiencia de Cox. ¿Cómo intervenir, entonces, desde la lejanía en la serie de imágenes de un lugar, que resulta ser también su lugar en el mundo? Tras proyectar sobre el lienzo las imágenes de los vídeos y diseccionar las conferencias de Cox en líneas, formas, colores y texturas, con el ánimo de reconstruir la tectónica inestable de Te Waipounamu, Sarah Shackleton decide incluir el reflejo de su imagen.
De 2024 es el proyecto Contours of Memory, organizado por las instituciones mencionadas dentro del mismo programa Arte y Ciencia, en esta ocasión con David Bilkey, profesor de psicología, interesado en una de las partes más importantes del cerebro y una de las más antiguas de la especie humana: el hipocampo, estructura relacionada con los procesos que regulan la memoria y las emociones, además de ser fundamental en la percepción del espacio, tema prioritario en las investigaciones de Bilkey. Se han identificado dos tipos de orientación espacial: la egocéntrica, cuyo marco describe referencias en función de la posición y orientación del propio cuerpo; y la alocéntrica, referida a la capacidad para construir y utilizar mapas mentales del espacio que nos rodea, desvinculados de nuestra propia perspectiva inmediata.
La secuencia de obras que Sarah Shackleton presenta en esta exposición continúan los resultados obtenidos en los dos proyectos mencionados que, por abordar asuntos de su interés, le han permitido profundizar en su representación. Entusiasta de los dibujos de Santiago Ramón y Cajal, la morfología visual de su léxico histológico perfila la planimetría orgánica de la cartografía que Sarah Shackleton imagina en sus pinturas, transitada por líneas y números de colores que señalan, como si de mapas cognitivos se tratara, la representación alocéntrica y egocéntrica del espacio. Urge no perder las coordenadas que nos permiten conceptualizar el espacio aunque estemos lejos. Las manos, autorretrato de la artista, se transforman en islas, sus islas, en permanente transformación, aisladas en mitad de un océano del azul más profundo, un azul oscuro casi negro, como la tinción de Golgi que permitió a Cajal ver; manos surcadas por las líneas de la vida, en las que todo está escrito. Tantas historias en la palma de una mano. [Chus Tudelilla]
galerialacasamarilla.com

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